La paz

Baja California Sur

En el nombre lleva la penitencia, si así se le puede considerar a la personalidad serena de esta ciudad frente al Mar de Cortés. El vaivén calmo de las olas, la sencillez de sus habitantes y el aire que acaricia en cada atardecer señalan, sin dudar, de que se trata de La Paz.
El encanto de la capital sudcaliforniana vive en sus playas, de hecho por el ritmo de sus aguas, se le bautizó con ese nombre.
A cinco kilómetros, sobre la Carretera Transpeninsular, esos rincones de mar y arena se presentan como en desfile mostrando sus cualidades particulares.
Unas playas ofrecen desde servicios de restaurante hasta renta de equipo especializado para realizar actividades acuáticas como esnorquel o windsurf, o espacios para estacionar casas rodantes; otras en cambio presumen únicamente su naturaleza inmaculada. Tentaciones varias, imposible resistirse.
El Tesoro, Pichilingue, El Tecolote, Caimancito, El Coyote, Corumel, La Ventana Y El Sargento… Algunas, además, tienen vistas espectaculares de las islas de La Partida, Espíritu Santo y Cerralvo.
De este desfile playero, Balandra seduce con su paisaje puro, libre de cualquier infraestructura, aunque esto es sólo cuestión de tiempo.
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